Todos tenemos un pasado, más o menos soso, más o menos oscuro. Hay un prÃncipe por ahà que cuentan que fue una rana hasta que le besó una princesa… Pero, ¿quién besó a la cabra?
Aunque varios paÃses se lo disputan, yo apostarÃa a que Santa vive en Finlandia y se llama Joulupukki. Más concretamente en Korvatunturi. Tunturi es un cerro grande o montaña pequeña, sin vegetación, tÃpica de Escandinavia y korva es oreja. Asà que, niños y niñas, Santa vive en la Montaña Oreja, y sÃ, puede oÃr todo lo que decÃs a lo largo del año. No es fácil llegar a la casa de Santa; aunque te indiquen cómo ir, es más que probable que te pierdas si no te acompaña alguien de la comarca (suena un poco hobbit, sÃ). Pero si queréis ver a Santa, no os preocupéis. Korvatunturi es su casa, sÃ; y donde hace los juguetes y prepara encargos y toma pulla y glögi con su mujer. Pero el centro de operaciones (publicidad, marketing y relaciones públicas) lo tiene en Rovaniemi – la ciudad de donde son aquellos que ganaron el concurso de canciones ese… ya sabéis. La oficina de Joulupukki está en plena lÃnea del cÃrculo polar ártico (Napapiiri): si te sientas en las rodillas de Santa, estás en el cÃrculo, pero si te vas a la estafeta de correos de Santa, no. Es uno de los puntos turÃsticos más importantes de Finlandia, y nosostros recomendamos visitarlo en invierno, cuanta más nieve y frÃo mejor. Es cuando más bonito está.
En este punto, alguien con buena memoria seguirá preguntándose: “¿y la cabra?â€. Si un periodista radiofónico de finales de los veinte contó a los cuatro vientos dónde vivÃa Joulupukki exactamente, pues porqué no desmigajar un poco más al pobre Santa y sacar sus trapos sucios. Joulupukki significa literalmente “cabra* de Navidadâ€. Santa era una cabra. De hecho, era una cabra bastante cabrona (¡uy!).
La cabra de Navidad es uno de los sÃmbolos navideños más antiguos de Escandinavia. De hecho, es un adorno que encuentras junto a las bolas y el espumillón. El origen de la cabra está relacionado con ritos paganos y espÃritus malignos. Una cabra, con cuernos y todo, se pasaba por las casas asustando a los niños, e incluso al principio no daba regalos, si no que habÃa que dárselos. Incluso dicen las malas lenguas que a los niños malos les perseguÃa con una vara (rÃete tú del consabido “te van a traer carbónâ€; muchÃsimo más efectiva la vara, dónde va a parar). En el siglo 19, decidió suavizarse un poco, y la cabra empezó a llevar regalos ella. Después, alguien la besó y se transformó en un gordito barbudo y sonriente vestido de rojo. Está bien, lo del beso no lo he conseguido contrastar, pero ¿se le ocurre a alguien una explicación mejor? Actualmente, de ese espÃritu malévolo, sólo le queda un puntito: Joulupukki en Finlandia no llega por la noche, va a cara descubierta, y llega preguntando: “¿hay aquà algún niño que se haya portado bien?†Que les pone en un compromiso, vaya. Pero al menos ya no les zurra.
* Realmente pukki es macho cabrÃo. Además, tiene otro significado: “vanha pukki” es algo asà como viejo verde, por lo que para las mentes perversas Joulupukki serÃa el “viejo verde de la Navidad”
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